Las nuevas ‘influencers’: las emociones

Conectar a través de la rabia y la indignación, establecer una conexión con las lágrimas, la añoranza y el amor e incluso crear caminos hacia la felicidad, el optimismo y la superación. Si hay algo que nos hace humanos, o por lo menos nos acerca a serlo, son las emociones. Desde la felicidad hasta la rabia, asco, amor, miedo, tristeza, satisfacción, admiración, etc. Las emociones, sean cuales sean, ayudan a crear vínculos. Y, ¿qué marca no querría crear un vínculo permanente con su público objetivo?

Tanto en el mundo online como en el offline, recibimos de forma constante distintos impactos e informaciones; incluso nos hemos vuelto inmunes a muchos de los mensajes que nos llegan. Es por esto que es tan importante crear este vínculo, una conexión directa con el público y conseguir distinguirnos por encima del resto de marcas. El marketing emocional es el que nos ayuda con esto, incluso nos abre la puerta para alcanzar el tan ansiado lovemark, cuando una marca adquiere una posición de privilegio dentro de una cultura a través de la relación establecida con el público, que hasta puede llegar a perdonar algunos tropiezos. Porque, ¿quién no recuerda que Coca-Cola, pese a que su consumo está relacionado con enfermedades como la obesidad, ha sido la encargada de destaparnos la felicidad?

La saturación informativa provoca que únicamente aquello que tenga la capacidad de despertar algún tipo de emoción o sensación permanecerá en la memoria, ya sea a través de las imágenes, piezas audiovisuales, la música o las palabras. Llegar a la mente y al corazón. Las emociones mandan, y las marcas ya no solo quieren que el público consuma su producto o servicio, sino llegar a fidelizar, crear una huella en él; conseguir que ría, llore, odie, se levante o realice cualquier tipo de respuesta emocional que, desde ese momento, irá ligada a la imagen de la marca.

El marketing emocional crea expectativas a través de la creación de sensaciones y sentimientos al público. Para ello es importante conocer al público objetivo al que nos queremos dirigir y cuáles son las emociones que queremos despertar. Saber detectar estos factores es fundamental, porque puedes alcanzar el éxito, como es el caso de Coca-Cola, que ha conseguido que la marca esté ligada a la felicidad; o el fracaso y la polémica, como le ocurrió a Pepsi en su última campaña, cuando la marca intentó crear un río de sensaciones a través de, como afirmó la compañía, “un mensaje de unidad, de paz y entendimiento” al querer relacionar el refresco y la imagen de Kendall Jenner con protestas sociales (consiguiendo incluso una reacción negativa por parte de Bernice King, la hija de Martin Luther King). En cambio, si hablamos de marcas como Médicos Sin Fronteras, con otros objetivos y fines, su objetivo se alejará mucho del que pueda tener una multinacional y se acercará más a cuestiones emocionales relacionadas con la conciencia social y la solidaridad.

También es importante que el marketing emocional y el marketing de contenidos vayan de la mano, para conseguir transmitir de forma correcta cuáles serán esos impulsos y motivaciones que se quieren desarrollar para tejer la conexión con la marca.

By | 2017-06-09T09:34:05+00:00 junio 9th, 2017|Marketing|0 Comments

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